¿Es posible un antídoto al neoliberalismo desde el mundo de la Arqueología?

Recogemos aquí la intervención inicial de Pablo Aparicio Resco en la Mesa Redonda “Arqueología capitalista, desarrollismo y alternativas sociales” que tuvo lugar en el MeetArch 2017, en Madrid, el pasado viernes 3 de noviembre de 2017:

Decía Martha C. Nussbaum en su libro Sin fines de lucro. Por qué la democracia necesita de las humanidades que es falsa la tesis de que el crecimiento económico –que es lo que la realidad neoliberal entiende por desarrollo- provoque per se avances en salud, educación o libertad política. Comentaba también Nuccio Ordine, en su pequeño manifiesto La utilidad de lo inútil, que es necesario desligar el estudio del utilitarismo para hacer a la humanidad “más libre, más tolerante, más humana”.

El libro que he coordinado, con ayuda de Jaime Almansa, “Arqueología y Neoliberalismo” [de momento publicado exclusivamente en su versión en inglés], explora la relación entre esta ideología político-económica y la práctica de la Arqueología, en muchas partes del mundo, haciendo especial hincapié en España, por la cercanía, y en América Latina por la mirada clínica y crítica que ha existido allí hacia esa ideología que lleva décadas golpeando fuertemente.

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Detalle de la mesa de JAS Arqueología en el MeetArch 2017.

El neoliberalismo es una ideología que pone por delante de cualquier otro valor el desarrollo y el crecimiento –entendidos como beneficio económico– y potencia la fuerza del Estado para garantizar que esto se respete, es decir, que el Mercado –entendido casi como algo divino- siga su curso. Esta concepción del mundo, como os podéis imaginar, choca frontalmente con la arqueología entendida como valor colectivo social, cultural e histórico. Basta, por ejemplo, observar cómo los arqueólogos y la propia arqueología, se convierten en un estorbo, en vez de en una oportunidad, cuando frenan la realización de una obra debido a la presencia de hallazgos de nuestro pasado. O, por ejemplo, cómo se tiende a potenciar la arqueología con fines exclusivos de espectáculo: recordemos el caso de la infructuosa búsqueda de los restos de Miguel de Cervantes y el circo mediático que querían montar en torno a su cadáver para hacer caja.

Tanto en el prólogo de “Arqueología y Neoliberalismo” como en mi colaboración en el libro de Roberto Pellini Arqueología comercial: dinero, alienación y anestesia, así como en otros pequeños artículos he insistido en el diagnóstico de la situación actual y he aportado algunos posibles caminos para construir una arqueología mejor, más humana. Creo que en la mesa redonda de hoy nos tenemos que centrar en estas alternativas dado que el diagnóstico de la situación es ya claro y, entiendo, compartido por todos.

Frente a la búsqueda de beneficios económicos a corto plazo, tenemos que potenciar el reconocimiento de las múltiples rentabilidades de la arqueología: no solo económica sino también social, cultural, identitaria, didáctica, artística, etc.

Frente a la inmediatez y la velocidad del mundo postmoderno, de esta modernidad líquida, debemos potenciar la pausa, la reflexión, la lectura y el estudio. Repensar nuestra relación con las redes sociales, hacer campañas más amplias sobre un mismo tema y no exclusivamente píldoras sobre muchos.

Frente al aislamiento individualista, frente a la competición y la lucha fratricida, debemos potenciar la colaboración, la cooperación, la relación interprofesional y, también, con las comunidades, herederas del patrimonio.

Frente al uso de la arqueología como espectáculo debemos potenciar el reconocimiento del valor del patrimonio de abajo a arriba, incentivar “arqueologías desde abajo” como dijo Gonzalo Ruiz-Zapatero, porque solo si contribuimos a que las comunidades más cercanas al patrimonio lo sientan como suyo –socialización– podremos conseguir financiación para trabajos de calidad, pausados, reflexivos y que permitan miradas alternativas.

Frente a la flexibilidad laboral, a la inseguridad y al miedo a la pérdida del empleo que ésta genera, debemos apostar de forma firme por luchar contra el precariado y crear empleo estable de calidad que permita al arqueólogo tener la seguridad de que si hace un buen trabajo no será despedido.

Frente a la desazón que produce la realización de un trabajo cuasi fabril enmarcado en el ejercicio de una arqueología profesional de informes y formularios, debemos potenciar la divulgación en arqueología como una oportunidad para poner en valor la propia disciplina, dar la posibilidad a llevar a cabo mejores estudios y más inclusivos,  abrir la puerta a observar el pasado desde otros puntos de vista y, también, por supuesto, permitir la recuperación económica de lo invertido en esta ciencia humana.

Creo, en definitiva, que la clave para colocarnos al margen de la lógica neoliberal –porque escapar por completo de ella se antoja, de momento, imposible- es potenciar la relación entre arqueología y sociedad, con los arqueólogos como canal e interlocutores. Solo así, con divulgación, socialización, arqueología pública y apropiación ciudadana del patrimonio propio podremos encontrar una suerte de antídoto al desarrollismo neoliberal.

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Mesa redonda “Arqueología capitalista, desarrollismo y alternativas sociales”

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