Cerro Bilanero 2016: el “VirtuaTeam”

Hace una semana colgamos las botas después de mes y medio de excavación en el Cerro Bilanero (Alhambra, Ciudad Real). Han sido 48 días de intenso trabajo en campo, largas horas de laboratorio y de convivencia continua con el equipo de técnicos y voluntarios que conformamos este proyecto arqueológico donde tanto las nuevas tecnologías como la investigación ilusionada y el componente social marcan el frenético ritmo del camino.

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En el equipo de arqueólogos dirigido por Alfonso Monsalve y Alexia Serrano -cuya interminable paciencia, fuerza y tesón, nunca agradeceremos lo suficiente- guarda un espacio singular para tres de nosotros, los “virtualizadores” (o el “VirtuaTeam” para los amigos) que, además de excavar, nos ocupamos de llevar a cabo la documentación gráfica del yacimiento mediante fotogrametría digital, fotografía, dibujo y vídeo, así como de la obtención de información topográfica con la estación total.

Nuestros trabajos en el Cerro Bilanero son ya conocidos y en esta segunda campaña de excavación han seguido la misma estela que el año pasado. En este mismo blog comentamos la aplicación de modelos lídar para el análisis previo del Cerro; el uso de vídeos y visores 3D para difundir los modelos 3D fotogramétricos; la realización de reconstrucciones virtuales de ciertas las zonas excavadas o los trabajos de documentación aérea, en dos entregas (I y II), éstos en el blog de Virtua Nostrum, que nos han permitido llevar a cabo una documentación exhaustiva del yacimiento.

Lo que no es tan conocido, sin embargo, es la faceta humana de los que estamos detrás de las cámaras, entre bambalinas, dejándonos la espalda y los ojos durante horas frente a los ordenadores, luchando contra la estación total (merece la pena recordar la batalla del año pasado; éste, por suerte, ha sido muy distinto), haciendo arqueología extrema bajo el asfixiante sol de la Mancha y ante las tormentas de arena que nos regala el Cerro, poniendo nuestro tiempo, dinero y capacidades al servicio de este proyecto colectivo que nos ofrece crecer como personas y como profesionales, que nos ilusiona y que sentimos como nuestro.

Si tenemos que empezar por alguien a presentar a nuestro pequeño equipo virtual, esa es Belén Blázquez, siempre alegre y sonriente,  protagonista de la cima del Cerro -donde no dudó en cavar su propia conejera o en plantar su colección de bonsáis-; una arqueóloga que pudo reengancharse a la profesión el año pasado de la mano de este proyecto y que ha volcado toda su energía en construir esa “copia digital” de la excavación cosida con cientos de modelos fotogramétricos.

El “nuevo” del equipo -al que, por cierto, aún le queda sufrir la novatada; la pensaremos- es Quique Macías, la “Montaña de Puertollano” :P.  Con su serenidad reflexiva e ironía mordaz, ha sabido integrarse a la perfección en el equipo, pese a ser de “segunda generación”, y se ha dejado cuerpo, mente y alma en las catas del Bilanero. Su labor ha sido fundamental para que hoy podamos decir que tenemos prácticamente al día todo el trabajo de virtualización.

Nuestros ojos en el aire y nuestro mentor topográfico es Miguel Fernández, de Virtua Nostrum, un maestro, profesional y amigo de altura (bromas fáciles aparte).  Pocas cosas nos reconfortaban más a los virtualizadores que escuchar su cavernosa voz subiendo el Cerro o al otro lado del teléfono. Gracias a sus madrugones para plantarse al pie del yacimiento a las 8 de la mañana saliendo desde Madrid, sus drones nos han permitido llegar allí donde nunca creímos que llegaríamos y disponer de una completísima documentación aérea que enriquece enormemente el proyecto.

Al que escribe estas líneas, Pablo Aparicio, PAR, ya le conocéis -y estaría feo dedicarme tanto espacio como mis compañeros-. El tener a mi lado un equipo tan grande humana y profesionalmente hace que haya sido posible sacar adelante de forma rigurosa y ordenada una documentación gráfica tan rica, con más de 3500 fotografías, más de 110 modelos fotogramétricos y más de 150 vídeos, que permitirán comprender en el futuro no sólo lo que se ha excavado en el Cerro Bilanero sino cómo se ha excavado y documentado.

Más allá del trabajo, son las horas de cañas, copas, risas, lloros, conversaciones de cualquier color, escapadas al pueblo, a la farmacia, al banco y al supermercado, tardes de mus y mañanas de limpieza, ratos de piscina y de cocina, aquellos momentos que nos permiten trazar los lazos humanos que hacen de un proyecto arqueológico algo que va mucho más allá del yacimiento.

Vaya esta entrada, la primera del curso 2016-2017, dedicada a estos amigos y compañeros con los que, sin lugar a dudas, quedan todavía grandes proyectos por delante. ¡Seguimos VirtuaTeam! 😉

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