DAESH, iconoclastia y el laberinto de la hipocresía

“Las personas se excitan sexualmente cuando contemplan pinturas y esculturas; las rompen, las mutilan, las besan, lloran ante ellas y emprenden viajes para llegar hasta donde están; se sienten calmadas por ellas, emocionadas e incitadas a la revuelta. (…) Estas clases de respuestas son las que constituyen el tema del presente libro (…) porque tienen raíces psicológicas que preferimos ignorar.” 

David Freedberg, El poder de las imágenes, 2009. p. 19

Hasta ahora me ha sido muy complicado abordar algo que me resultaba profundamente hiriente e incomprensible. Más que el asesinato a sangre fría del individuo, me resulta muy dolorosa la destrucción de nuestra memoria y nuestra identidad colectiva. La inmortalidad de las culturas queda, en cierto modo, asegurada gracias a su patrimonio cultural, histórico, artístico y arqueológico por lo que, aunque asesinar a cientos de personas sea terrible, asistir a la aniquilación del recuerdo de nuestro pasado me produce un dolor indescriptible.

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Captura de pantalla del vídeo en el que terroristas de Daesh destruyen piezas del Museo Arqueológico de Mosul.

Daesh (el grupo terrorista mal llamado Estado Islámico o ISIS) ha entrado en una vorágine de destrucción de la Historia que el periodista Mario Agudo retrata como “el exterminio nihilista del patrimonio como operación propagandística”. El Museo Arqueológico de Mosul, los yacimientos de Nínive, Nimrud, Hatra, Dur Sharrukin, han sido algunos de los ejemplos del despliegue iconoclasta que este grupo terrorista fundamenta así: “Estas ruinas que están detrás de mí son ídolos y estatuas que la gente del pasado solía adorar en lugar de Alá (…) Cuando Dios nos ordena retirarlas y destruirlas, se nos hace fácil e incluso no nos importa si cuestan millones de dólares”.

Las declaraciones de los terroristas de Daesh, sin embargo, usan este argumento de forma falaz porque sus actos caminan en otra dirección: por un lado destruyen estructuras y yacimientos que no son imágenes ni ídolos en sentido estricto, por otro comercian con muchos de esos ídolos de forma interesada, siendo el tráfico ilegal de antigüedades una de las fuentes de financiación más importantes de este grupo terrorista. Estas incoherencias nos demuestran que el movimiento iconoclasta de Daesh utiliza el islamismo como fachada que esconde tras de sí intereses distintos.

En determinadas ocasiones, es posible localizar el origen de la iconoclasia en una inquietud generalizada por la naturaleza y la condición de las imágenes, por su ontología y por su función (o, para ser exactos, por la posibilidad de esa función). En otras ocasiones, podemos afirmar que la preocupación por la ontología es mínima (excepto, por supuesto, entre los artistas), como ocurrió en las Revoluciones francesa y rusa. En otras palabras, la motivación más clara parece ser de orden político. El objetivo consiste en eliminar todo aquello que simboliza o representa el orden antiguo y, normalmente, represivo, el orden que se desea sustituir por otro nuevo y mejor. Eliminar los vestigios de un pasado negativo. Suprimir las imágenes de un orden repudiado o de uno autoritario y odiado significa hacer tabla rasa e inaugurar la promesa de la utopía.

David Freedberg, El poder de las imágenes, 2009. p. 435

La intención de Daesh parece clara: eliminar todo rastro de cultura anterior a sí mismo y, en especial, todos aquellos símbolos a los que Occidente parezca tener aprecio. Debiéramos preguntarnos, sin embargo, si el objetivo es o no instaurar un orden nuevo y mejor. No parece que así sea y esto es lo que les diferencia, probablemente, del resto de movimientos iconoclastas de origen islámico que han tenido lugar a lo largo de la Historia. La destrucción del patrimonio por parte de Daesh es apocalíptica y probablemente sus ataques intentan provocar un conflicto directo con las fuerzas occidentales que les permita morir como mártires, llevando a sus últimas y delirantes consecuencias una interpretación interesada y falaz de un texto sagrado.

Todo esto se encuentra envuelto en un laberinto de hipocresía. Por supuesto, por parte de los terroristas de Daesh, que esconden detrás de un velo de islamismo radical la destrucción desenfrenada de símbolos que relacionan con el orden establecido por occidente y el enriquecimiento personal gracias a la venta de piezas arqueológicas que permanecerán décadas a buen recaudo antes de salir al mercado.

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Principales mercados de exportación de armas y munición por parte de España en 2013. Fuente: Estadísticas españolas de exportación de material de defensa, de otro material y de productos y tecnologías de doble uso. Año 2013.

Pero también, y mucho más preocupante, es la hipocresía que muestran en estos momentos muchos de los gobiernos occidentales, que han sido colaboradores necesarios para el crecimiento de Daesh como grupo terrorista. Una de las fuentes principales de financiación y aprovisionamiento de armas por parte de este grupo terrorista son países como Arabia Saudí, Qatar, los Emiratos Árabes Unidos o Turquía, y la avaricia de los gobiernos neoliberales hace que el dinero se ponga por delante de los principios éticos. El ejemplo perfecto es nuestro propio país, España, que en 2013 vendió armamento, munición y repuestos a Arabia Saudí por valor de 406,4 millones de euros, a Qatar recambios para carros de combate, antenas de comunicaciones y válvulas por valor de 52.129 €, a los Emiratos Árabes Unidos aviones y bombas para aeronaves por valor de 717 millones de euros, a Turquía bombas, munición y recambios por valor de 7,5 millones de euros. Y así podríamos seguir hasta el infinito. Ahora nos rajamos las vestiduras pero nuestra primera lucha contra el terrorismo de Daesh podría ser exigir a nuestros propios gobiernos que corten la venta de armas a países que ofrecen apoyo a estos grupos terroristas o que, directamente, vulneran los Derechos Humanos. No es admisible que cuando ocurren desgracias que azotan a toda la población los gobiernos salgan, afectados, a denunciar esos hechos si mientras tanto están mirando hacia otro lado, cuando no aprovisionando de material bélico a los que luego dicen condenar.

Pero no sólo podemos luchar contra la destrucción del patrimonio por parte de Daesh condenando la venta de armamento que llevan a cabo nuestros propios gobiernos. También podemos hacerlo luchando porque se endurezca la lucha contra el tráfico ilegal de objetos artísticos y arqueológicos, porque no olvidemos que gran parte del mercado al que van a parar la infinidad de objetos saqueados por Daesh se encuentra en occidente, entre ese 1% de ricos de nuestros países. Y, sobre todo, lucharemos contra Daesh fomentando la educación patrimonial, enseñando a toda la sociedad -de los más pequeños a nuestros abuelos- a apreciar un museo o un yacimiento arqueológico como templos de nuestra identidad y nuestra Historia, como garantes del mantenimiento de la cultura y, con ello, de la memoria de todos los que nos precedieron.

De este modo, nuestro gobernantes comprenderían que enriquecerse es menos importante que vender armas al enemigo de la cultura, que enriquecerse pasa a un segundo plano a la hora de luchar contra el tráfico de antigüedades, que enriquecerse siempre debe ir por detrás de la inversión en educación.

Creo que la solución pasa por la lucha por ese cambio de valores. La aniquilación violenta, la intervención armada, el asesinato de todos y cada uno de los terroristas de Daesh únicamente sería un parche que, probablemente, generaría un problema mayor. Si la lucha contra el terrorismo islámico no se lleva a cabo desde una profunda convicción de que debemos dejar de poner el dinero por delante de todo jamás lograremos la paz en Oriente y, con ella, la salvaguarda de su patrimonio.

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La lucha, en nuestros propios países, contra el mercado ilegal de antigüedades es también parte de la lucha contra Daesh.

Más información:

Antonio Muñoz Molina. Gloria a las imágenes (El País).

Mario Agudo Villanueva. El patrimonio en Irak y Siria: entre la barbarie y la hipocresía (Mediterráneo Antiguo).

Christopher Jones. Analysis of the ISIS Destruction at the Mosul Museum (Ancient History Et Cetera).

Ministerio de Economía y Competitividad. Estadísticas españolas de exportación de material de defensa, de otro material y de productos y tecnologías de doble uso, año 2013.

Francisco Carrión. Los bolsillos que financian el terror del ISIS (El Mundo).

Miguel González. España duplicó en 2013 sus exportaciones en armamento (El País).

David Freedberg. El poder de las imágenes. 2009.

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