Desconchones, humedades, pintadas: arqueología visual de nuestro entorno

Los que nos dedicamos a intentar mostrar cómo fueron en cierta época determinados restos de nuestro pasado olvidamos en muchas ocasiones que estamos trabajando con restos esencialmente humanos. Los cimientos de una casa celtíbera nos hablan de una estructura creada por el hombre para ser habitada por el hombre y, posteriormente, quizás abandonada o destruida también por el hombre. La relación del ser humano con sus restos materiales es el motor de la Arqueología como ciencia social y las reconstrucciones virtuales tienen el deber de mostrar también esa relación. Resulta por ello bastante contradictorio que realicemos reconstrucciones virtuales impolutas, limpias, claras y frías porque eso nos aleja del ser humano y, por lo tanto, de la Arqueología, la Historia y nuestro Pasado.

Os propongo realizar un ejercicio: salid a dar una vuelta por las calles de vuestra ciudad, cámara en mano, y comenzad a fijaros en los desperfectos, por la acción antrópica o del paso del tiempo, que presentan los distintos edificios. Muchos de ellos son universales (se producen en cualquier época y en cualquier parte del mundo) y nos ayudarán a realizar reconstrucciones virtuales más reales, más humanas.

Pongamos un ejemplo:

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Haciendo un trabajo de “arqueología visual“, estamos ante un muro de ladrillo que ha sido encalado y posteriormente pintado de un tono verdoso. Sobre esta pintura se han realizado varias pintadas que no sabemos descifrar, han surgido pequeñas humedades y posteriormente se han aplicado varias capas de pintura azul (¿es probable que la pintura verdosa del fondo fuera en su origen también azul y que haya perdido el color con el paso del tiempo?), algunas cubriendo parte de las pintadas que todavía se aprecian bajo la capa de color. Parte de toda esta pintura, e incluso del encalado original, se ha desprendido del muro y nos deja ver el aparejo murario original, de ladrillo contemporáneo. Es de notar que estos desconchones se encuentran principalmente en la parte inferior del muro, algo que se va a repetir en todos los edificios que veamos. La acción de la lluvia golpeando contra el suelo, además, hace que en la zona de unión entre la acera y el propio muro se acumule la suciedad.

Este simple ejemplo nos ayuda a entender cómo funciona la relación entre la arquitectura, el entorno y nosotros mismos, una relación que no ha variado demasiado desde hace miles de años.

Veamos otro ejemplo, en este caso, la puerta de entrada al IES Castilla de Guadalajara:

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Observemos cómo la mayor parte de suciedad, reparaciones varias, desconchones, etc., se acumula precisamente en la zona que más uso antrópico tiene: el vano de acceso al edificio. Se observa también algún piquete en las placas que recubren el edificio, concretamente en la pilastra de la izquierda. Destaca, además, la humedad que se ha concentrado en la repisa del balcón, creando incluso áreas de moho en las zonas en las que el sol no golpea en ningún momento del día.

La acción de la lluvia es otro de los agentes naturales que deja, y ha dejado siempre, su huella en los edificios:

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En este ejemplo podéis ver las zonas por las que se desplaza el agua los días de fuertes lluvias, dejando con el tiempo una marca reconocible de humedad que llega a provocar desconchones en el recubrimiento de pintura naranja. Además, podéis ver distintas capas de pintura sobre el muro, lo que nos habla de nuevo de cómo la pintura sobre los edificios no aparecía en muchas ocasiones uniforme.

Los arqueólogos, por virtud o por defecto, nos fijamos en este tipo de detalles porque nos permiten reconstruir la microhistoria de los edificios y, junto a ella, la del entorno y la de la sociedad que los rodea. Esto resulta doblemente útil para llevar a cabo proyectos de virtualización del patrimonio que requieren la creación de reconstrucciones virtuales. El realismo y la fidelidad al pasado está condicionado no sólo por el uso de una correcta documentación histórica sino también de una documentación arqueológica que nos hable de cómo interactuan las estructuras antrópicas con su entorno natural y social. Solo teniendo esto en cuenta podremos llevar a cabo trabajos de representación gráfica verdaderamente cercanos a la Historia y a los espectadores que van a internarse en ella.

Bien es cierto que no disponemos frecuentemente de documentación que nos diga en qué punto de un muro existía un desconchón o una marca de humedad, pero su inclusión en nuestros trabajos no indica que estemos “inventando” el aspecto original de determinado edificio sino más bien todo lo contrario: nos estaremos acercando a su apariencia más probable.

Para acabar, os dejo una última imagen en la que podéis ver muchos de estos “desperfectos” tanto naturales como antrópicos. ¿Os animáis a analizarla con ojos de arqueólogos?

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